martes, 24 de julio de 2012

El eterno sábado

Judi tenía muchísimas ganas de ir al Zoológico más grande de Estados Unidos, y pese a que está en el Bronx, queríamos ir para ver que se cocía por allí. Estábamos ligeramente preocupadas por acercarnos a ese distrito en particular, pero como amantes de los animales que somos, nada más abrir el parque estuvimos allí preparadas con nuestros 17 dólares en mano, para visitar un zoológico de 107 hectáreas. Resultó fascinante como hábitat, pero es cierto que corres el riesgo de no ver a los animales porque tienen una extensión muy grande cada uno para vivir. Si bien eso te permite verlos en su hábitat natural,  pueden esconderse para huir de los turistas. Nosotras tuvimos suerte, porque vimos a todos, y los que no estaban, terminamos por verlos a última hora. ¿Qué me sorprendió de verdad? Hay muchísimos pavos sueltos por todo el parque, SUELTOS. Son muy tranquilos y posan genial para las fotos.


Todo estaba muy bien ambientado, y vi animales fascinantes. Saqué fotos preciosas.



Me encantó poder escuchar las conversaciones de las familias, e iba con la cámara de video tras de ellos grabando, para que veáis como es aquí la educación parental. 
Podría poneros como 80 fotos del zoo, de animales extrañísimos y paisajes fascinantes de allí, pero no tendría suficiente blog. De hecho, en salir del zoo, tuvimos que volver y hacer una parada en casa para recargar las cámaras, que estaban agotadas de tanto trabajo.

Antes de llegar al zoo, saqué unas fotos del barrio, fascinada por los contrastes que hay en Nueva York. La verdad es que sí que noté que la gente del Bronx parecía mucho más "barrio bajera", pero había buen ambiente en la calle en la que estuve, y no se vieron comportamientos sospechosos por ningún lado. Cierto fue que la gente iba más a su rollo, y no te habla tanto como en Manhattan.

Hice mi primer trayecto en un metro elevado, y no me gustó nada. Si algo me he de quejar de verdad de este día es del metro cuando sale de Manhattan: NO TOLERO EN ABSOLUTO PASAR POR DEBAJO DEL RÍO EN METRO. Ya le he dicho a Judi, que no me gusta nada salir en metro sumergido de Manhattan, y la próxima vez que vayamos a Brooklyn, lo haremos mediante otro medio de transporte. 

Volvimos a Manhattan en metro y fuimos a casa para descansar una hora, y que todos recargáramos baterías, antes de salir a cruzar el puente de Brooklyn al atardecer.
De camino allá quedé convencida de no volver a tomar un metro submarino, y me alegré mucho de estar en tierra firme cuando salimos en Brooklyn. Brújula en mano, tardamos unos minutos en ubicarnos allí, y descubrir la oculta subida al puente. El sol se ponía a las 20:21h. A y media llegamos allí, con los últimos rayos de sol desapareciendo. 


Conforme pasaban los minutos y paseábamos todo lo tranquilas que nos permitía el puente, la ciudad se iba iluminando lenta, pero inexorablemente. El Empire State que en un principio pasó desapercibido para mí, se iluminó a lo lejos en todo su esplendor tras el puente de Manhattan que veis en la foto anterior. Aquí el Empire State, recortado sobre el atardecer NewYorkino.


Pese a que en todos lados aparece que el puente de Brooklyn se cruza en 20 minutos, tardamos más de una hora en llegar al otro extremo en Manhattan.



Cuando llegamos al otro extremo, era noche cerrada, un sábado noche en Nueva York.


Debido a que el viernes estuvimos bastante aplancadas en casa, y que yo estuve mala, y hoy me encontraba llena de energía, no quisimos acabar ahí el día, que ya de por sí había sido perfecto, y nos fuimos a visitar TIMES SQUARE POR LA NOCHE.

Nuestra intención era cenar por allí, pero se nos olvidó hacerlo entre tanta maravilla. Si ya me había parecido una plaza inmensa por el día, por la noche, su verticalidad se hace más evidente. Había espectáculos por todos lados, gente sacándose fotos con extraños personajes, colas inmensas que salían de los restaurantes más lujosos, descapotables rojo fuego, limusinas por todos lados, hamers rosas de 5 metros de largo, y mil cosas más. Hay incluso un museo de las cosas más extrañas que os podáis imaginar:

Mirad la plaza por la noche, como brillaba:


Sábado noche en Times Square, en torno a las 12:00 a.m.

Alba totalmente deslumbrada por las luces


Conocimos a algunos viajeros perdidos buscando aventuras por la gran Manzana, y hablé con un montón de gente ansiosa por saber qué habíamos hecho ya allí y qué nos había parecido. Me percaté de que la gente que había en Times Square, eran todo turistas, exceptuando la gente que hacía cola en los lugares exclusivos para cenar un par de metros sobre el nivel del suelo, y poder mirarnos por encima de su menú de 150$. 
De pronto un olor nos llegó desde algún recóndito lugar en la plaza, y nos descubrimos hambrientas perdidas en la gran manzana. Judit se enfrascó un McMenú espectacular, mientras yo me contentaba con una hamburguesa con queso. Compré 2 de ellas, por 3$, y conservé la siguiente para comer quizá al día siguiente: se me hacía imposible, entre tanta emoción, comer. Eso sin olvidar que rozaban ya la una de la madrugada.

Volvimos a casa saciadas, -unas más que otras-, sin percances. Cogimos la cama con gusto, pero tardamos en dormirnos charlando sobre la ciudad, sus maravillas, y pensando quizá qué otras aventuras nos esperarían mañana.










Viernes de enfermedad

Algo tenía que pasar, era normal que después de esta semana me pasaran factura los días NONSTOP. Así que llegado el viernes me encontré con un pié de la menstruación pisándome la espalda, que me impedía levantarme. Traté de desayunar, pero tenía todo el cuerpo del revés del agotamiento, así que me di por rendida, y decidimos tomarnos el día libre, aprovechando que volvía a llover. Leí por la mañana y vi un rato la tele. Después junté fuerzas y fuimos a clase. Entonces le preguntamos a Jhon aquello de los grados Farenheit, y nos explicó muy amablemente que hubiera dado lo que sea porque alguien le hubiera hecho un dibujito como el que él nos hizo, para entender los grados centígrados cuando vino a España. Nos hace sentir muy integrados en esta cultura. Os enseño el dibujito.

Aquí tenéis a John, dibujando. Es un excelente profesor. Me sentí muy triste por que fuera mi último día en su clase, porque he aprendido un MONTÓN de frases hechas con él, y mucho de la cultura americana. Sin embargo me dijo, cuando me fui a despedir, que él estaría en la escuela por la noche, y que no nos dejaríamos de ver. Igualmente, me recordó que tenía pendiente enseñarnos su zona favorita de la ciudad, y llevarnos a comer pizza.


Después volvimos a casa, porque el tiempo había empeorado, y yo aún no me encontraba bien. De vuelta a casa, de pronto todos los carteles del mateo cobraron sentido, después de nuestra visita al Riverside Drive Park.

El cartel reza: 
SÉ ADOPTADO POR UNA ARDILLA.
Y PRONTO PASARÁS MÁS TIEMPO EN LOS PARQUES, QUE BAJO ELLOS.

Parece una campaña para concienciar a la gente de que disfruten los parques de la ciudad, en vez de ir en metro a todos lados. Me he fijado en que hay muchos anuncios de "come sano", "4 batidos equivalen a 85 sobres de azúcar", "los menores de 18 meriendan sano y gratis en tal parque"...
Podrían sacar mucho dinero vendiendo esos espacios para anuncios privados, pero no lo hacen. Estoy gratamente sorprendida. Sacaré fotos de ellos, y ya veréis.

Cuando llegamos a casa, quise acostarme aún sin hambre, pero finalmente cedí ante la atenta mirada de nuestros cereales, y de mi enfermera particular. Tomé unos cereales y me acosté.



Ayudada por la medicación, fue la primera y única noche que dormí sin sueños, y me desperté dispuesta a volver a la Ciudad que Nunca Duerme, dándolo todo, y preparada para el PERFECTO fin de semana que nos esperaba.



sábado, 21 de julio de 2012

El 7º día en Nueva York

El jueves teníamos un dilema: estábamos cansadas, pero no queríamos dejar de hacer cosas, así que dedicamos la mañana a uno de los muchos parques que hay en Nueva York. Nuestro plan era pasear por el Riverside Drive Park hasta cerca de las 12 en dirección sur, y poco antes de que empezara la clase, coger una "gua gua" hasta la escuela.  No obstante, la cosa salió ligeramente diferente.
Para llegar a Riverside Drive Park nos bastó coger un autobús en nuestra misma calle que nos llevara todo al oeste posible, siguiendo la calle que limita Central Park al norte, la 110.
Caminamos un par de manzanas por las calles del "norte" Upper West Side. Encontré esto, y me pareció interesante sacar una foto, para que vierais los precios:
3 pepinos, 2$; 5$ el medio kilo de sandía...

Cuando bajamos al parque ya nos quedamos sin aliento. No hay que olvidar que con todo el tiempo de que disponemos en Nueva York, tenemos tiempo de sobra para visitar las atracciones turísticas, y las que no lo son tanto. Y esas que no lo son tanto, preferimos visitarlas entre semana, cuando están bien cargadas del espíritu Newyorkino. Por eso nos encantó Riverside Drive Park: nadie había sacando fotos; sólo estaba lleno de gente que simplemente hacía un día de Jueves normal, probablemente evitando un poco el abarrotado Central Park. El ambiente fue estupendo durante todo el paseo y nos encontramos con agradables sorpresas a cada paso.
Yo, alimentando a una ardilla.

Otra ardilla, esta alimentándose sola de unos frutos muy comunes por allí.


Uno de los muchos bancos dedicados de la ciudad, conmigo encima.

Un típico partido de beísbol.
Cuando más estábamos disfrutando del paseo, se nos hizo la hora de coger el autobús hacia el cole, pero cuando salimos del parque estábamos relativamente cerca de la escuela, y como aún quedaba un poco de tiempo, caminamos unas manzanas por el siempre agradable Upper.


En llegar a la escuela, nos dan la agradable noticia de que han podido cambiarnos el horario. El lunes siguiente nos cambiarán al horario de 6 p.m. a 10 p.m., ¡perfecto!
Echaré de menos a John, pero nos ha dicho de llevarnos a su parte favorita de la ciudad y a comer la verdadera pizza newyorkina. Dice que la pizza de España no vale nada, pero que le fascina la tortilla de patatas! Igualmente, estará cuando dé clases por la tarde, aunque no en mi nivel, pero me podré despedir de él más adelante. Es lo que más pena me da de cambiarme de horario. ¡Nos está enseñando a hablar como NewYorkinos auténticos!

Al salir de clase, decidimos terminar de ver el museo de Historia, que se nos quedó pendiente el día anterior. Esta vez no pagamos nada por entrar. Me gustó mucho la exposición de los dinosaurios.



Fuimos, una vez cerró el museo a comprar leche y cereales a la calle 34. Ya os he hablado de nuestra épica compra de cereales, fue este día, el jueves. 
Cuando salimos ya era tarde, así que decidimos comprar allí cerca unos trozos de pizza, que se anunciaban en promoción y que desde fuera olían estupendamente. Yo tenía curiosidad por probarla  porque justo Jhon nos había hablado de las pizzas de allí, y... realmente no exageraba. Aquella que comí fue la mejor pizza del MUNDO QUE JAMÁS HAYA PROBADO. Espectacular. Unos trozos enormes que me han alimentado hasta hoy, sábado.

Comparad atentamente el tamaño del vaso de medio litro con las porciones de pizza. ¿Habrá algo que los newyorkinos hagan mal?



Museo de historia Natural

Salimos muy contentas por la mañana con dirección al museo de historia natural. Hubiera sido mejor hacer algo en el exterior porque hacía una mañana genial sin apenas calor. Pero nos aparecía mucho ir al museo, y así hicimos. La entrada era un donativo sugerido como de 15$ para los estudiantes. Nosotras pagamos 5$, y entramos en el museo. Resultó muy decepcionante ver que las explicaciones eran sólo en inglés, y que no eran muy comprensibles para mi porque tenían muchos términos complicados. No había ni un texto en español, ni en ningún idioma diferente del inglés, y eso resultó incómodo. Al menos al principio, porque estoy acostumbrada a leer cada una de las explicaciones de esos sitios. Tras acercarme a varios rótulos, y no poder comprender del todo ninguno, decidí centrarme en disfrutar del museo de otra manera, y fue posible. Nada complicado, debido a lo bien planteado que está. Es fascinante, sin duda alguna. Han invertido ahí una gran cantidad de dinero.








Estuvimos cerca de tres horas en el museo y sólo acertamos a ver dos plantas de cuatro. La parte de cultura la vimos someramente, y nos detuvimos en las partes más elaboradas y con menos texto. Nos supo fatal tener que irnos a clase, con el museo a mitad de verlo. Eso trajo a nuestra cabeza el problema del horario de las clases. Y con esto fuimos a la escuela, donde justo al entrar una mujer mucho más amable que la del día anterior nos propuso una perfecta solución: nos habló de un horario de 6 de la tarde a 10 de la noche, de lunes a jueves. Y además, como tenemos que hacer 20 horas semanales, y eso suman 16, nos dejó escoger entre hacer las cuatro horas restantes en sábado o domingo. El horario nos parece perfecto, totalmente. No obstante tenía que confirmar qué iba a pasar, y si tenían hueco para Judit en los niveles inferiores, que están muy muy llenos. Así que cruzando los dedos salimos dispuestas a terminar de ver el museo de Historia Natural.
¿Recordáis que dije que por la mañana se estaba muy bien en la calle? Debimos suponer que el bajón de temperaturas supondría un prematuro Diluvio Universal.

 La tormenta acojonó a mi buena compañera de viaje, que acostumbrada al tostado sol Canario, creyó realmente que se acababa el mundo. Su cara lo decía todo: jamás había visto llover así. Para los residentes en Valencia os diré que la  tormenta fue como la típica de verano, con gotas enormes. La única diferencia es que no parecía que fuera a escampar. Realmente no lo hizo hasta pasadas las diez de la noche. No obstante, retomando la historia, imaginadnos recién salidas de clase frente al percal que presentaba en Broadway. Por suerte, mi buen cuñado Sento, contribuyó a mi viaje con un práctico paraguas de viaje, que estaba en perfecto estado. Judit tuvo que conformarse con meter en el bolso uno que estaba por nuestra habitación, que también parecía estar en perfecto estado. Insisto, PARECÍA. 
Cuando se abrió aquello, y dos varillas saltaron alegres de entre los pliegues del artilugio, decidimos dejar, -entre risas-, el resto del museo de historia natural para otro momento. Pero eso no significaba volver a casa en ese momento preciso. Había justo en la esquina contigua un típico dinner americano, parecido al Tick Tock Dinner de nuestro primer día, sólo que más caro. No obstante, dadas las circunstancias, nos pareció un momento perfecto para entrar y probar las míticas tartas americanas:

5$ bien invertidos en mi tarta de fresa. Deliciosa, igual que la de chocolate. Atención en la siguiente foto el tamaño del "cake". Debo decir, que pese al precio del Dinner, el servicio era sustancialmente mejor que en el Tick Tock. Debe ser porque el Tick Tock estaba llenísimo, y los camareros iban con prisa. De igual manera, vayas donde vayas en Nueva York, el trato va a ser infinitamente mejor que en España, y el resto de países que he visitado. 

Resultó de lo más agradable tomar tarta allí, mientras la lluvia caía fuera. Tras tomarla tranquilamente, una hora más tarde decidimos volver a casa, intentando llegar lo menos mojadas posible. Tarea que no tuvo resultado positivo:

Estábamos empapadas, y nos dio pena llegar tan pronto a casa, pero allí estaba Prinston, despierto todavía, y jugando por la casa, cosa que no suele ocurrir cuando llegamos por la tarde. Se quedó con nosotras un buen rato, hasta su cena, mientras yo le enseñaba las fotos del viaje, y palabras en español, y él a mi palabras en inglés. ¡Lo pasamos muy bien! (Nótese en la foto las manos a lo Spiderman.)






viernes, 20 de julio de 2012

Central Park y ESB en nuestro 5º día en NY

Justo el día anterior habíamos comprado en la escuela unos tickets para el Empire State Building. Nos costaron 13$, cuando usualmente suelen costar 20$. Aprovechamos la oferta sacrificando poder escoger el momento de visitar el Empire State Building, porque el horario ya estaba escogido. Pero el ahorro era sustancial, así que aquel día saldríamos antes de clase con permiso del profesor, para visitar el ESB. Eso no nos impidió disfrutar la mañana. Tomamos el autobús en dirección sur por la quinta av., la conocida como "la milla de los museos", con intención de bajarnos en la esquina sur este de Central Park. Seguramente, a voz de pronto no sabréis a qué me refiero, pero os aseguro que cuando camináis por esa zona del parque, todo os resulta tremendamente familiar, por haberlo visto en muchísimas películas. Me interesaba en especial el Bow Bridge, puente en el que Mery Jane rompe con Peter Parker en la 3a película de Spiderman. Ese puente se conoce como el puente de las rupturas, porque en las películas... bueno, eso, que la gente rompe ahí. De camino a Bow Bridge encontramos sitios increíbles, y también a unos graciosos habitantes del parque.







Agradecimos profundamente llegar a la academia porque el calor era horrible, pero no nos dio tiempo a refrescarnos lo suficiente porque a la una estábamos saliendo. Una mujer nos paró y quiso hablarnos a Judi y a mí sobre el cambio de nivel. Hablaba inglés, y principalmente fui yo la que se comunicó con ella. Esto para mi desgracia se volvió en mi contra segundos más tarde. Resulta que la mujer, que en un principio parecía súper amable no quiso entender debidamente la situación de unas estudiantes que van a la gran manzana. Ella no podía comprender que el horario que tenía mi clase era totalmente incompatible con las visitas a museos, que abren de 10 a 18. Teniendo clases de 12 a 16 es imposible hacer las cosas bien, y obviamente, en los fines de semana no da tiempo a verlo todo. Nos dijo que a Judi la tenía que cambiar de nivel y fue muy injusta al decir que la iba a pasar al horario de mañana, y que a mí, no me pensaba cambiar de nivel ya que hablaba perfectamente inglés. De modo que yendo al ESB, estuvimos muy tristes pensando como nos lo íbamos a organizar si ella entraba a clase a las 8, y yo entraba a las doce. No obstante, no quisimos darle muchas vueltas porque no había nada cerrado todavía. La opción más obvia era bajarnos las dos a un nivel intermedio en el mismo horario, pero eso no me permitiría aprender a mi, ni a Judi entender la clase. Así que las cosas quedaron en el aire, igual que nuestra preocupación cuando llegamos a nuestra zona más admirada de la ciudad: en midtown south central, hogar del ESB, Madison Square Garden, Penn Station, El ticktock dinner, y la tienda de 99's cents.
Antes de poner camino al Empire State, compramos por 2$ un perrito caliente y una cocacola. ¡Nuestro primer perrito caliente americano! Después corrimos hacia el ESB, y en el atrio, ya se hicieron patentes mis nervios. Desde abajo el edificio era ENOOORME.


Aquí os dejo una foto mía antes de llegar a los ascensores. El hall era majestuoso.

Respecto a la subida en ascensor... EN menos de un minuto, subir como 320 metros, no parece sano. Y cuando creía que ya había pasado lo peor, me meten en otro ascensor para seguir subiendo hasta el mirador. Podía poner como 50 fotos desde el mirador, y todas ellas no serían suficientes para describir la sensación. Aunque puede que baste con una palabra: MAREO. No llevo bien las alturas, pero estando allí, no me iba a quedar en un rincón pegada a la pared, así que decidí pagar las consecuencias después de mi temeridad y reunir valor para sacar fotos como esta:






Tras un batido de fruta para subir el azúcar y la tensión, decidimos volver a casa pasando por el súper de Harlem para aprovisionarnos para una comida de verdad, que compartimos con nuestra familia adoptada. :D