martes, 24 de julio de 2012

Viernes de enfermedad

Algo tenía que pasar, era normal que después de esta semana me pasaran factura los días NONSTOP. Así que llegado el viernes me encontré con un pié de la menstruación pisándome la espalda, que me impedía levantarme. Traté de desayunar, pero tenía todo el cuerpo del revés del agotamiento, así que me di por rendida, y decidimos tomarnos el día libre, aprovechando que volvía a llover. Leí por la mañana y vi un rato la tele. Después junté fuerzas y fuimos a clase. Entonces le preguntamos a Jhon aquello de los grados Farenheit, y nos explicó muy amablemente que hubiera dado lo que sea porque alguien le hubiera hecho un dibujito como el que él nos hizo, para entender los grados centígrados cuando vino a España. Nos hace sentir muy integrados en esta cultura. Os enseño el dibujito.

Aquí tenéis a John, dibujando. Es un excelente profesor. Me sentí muy triste por que fuera mi último día en su clase, porque he aprendido un MONTÓN de frases hechas con él, y mucho de la cultura americana. Sin embargo me dijo, cuando me fui a despedir, que él estaría en la escuela por la noche, y que no nos dejaríamos de ver. Igualmente, me recordó que tenía pendiente enseñarnos su zona favorita de la ciudad, y llevarnos a comer pizza.


Después volvimos a casa, porque el tiempo había empeorado, y yo aún no me encontraba bien. De vuelta a casa, de pronto todos los carteles del mateo cobraron sentido, después de nuestra visita al Riverside Drive Park.

El cartel reza: 
SÉ ADOPTADO POR UNA ARDILLA.
Y PRONTO PASARÁS MÁS TIEMPO EN LOS PARQUES, QUE BAJO ELLOS.

Parece una campaña para concienciar a la gente de que disfruten los parques de la ciudad, en vez de ir en metro a todos lados. Me he fijado en que hay muchos anuncios de "come sano", "4 batidos equivalen a 85 sobres de azúcar", "los menores de 18 meriendan sano y gratis en tal parque"...
Podrían sacar mucho dinero vendiendo esos espacios para anuncios privados, pero no lo hacen. Estoy gratamente sorprendida. Sacaré fotos de ellos, y ya veréis.

Cuando llegamos a casa, quise acostarme aún sin hambre, pero finalmente cedí ante la atenta mirada de nuestros cereales, y de mi enfermera particular. Tomé unos cereales y me acosté.



Ayudada por la medicación, fue la primera y única noche que dormí sin sueños, y me desperté dispuesta a volver a la Ciudad que Nunca Duerme, dándolo todo, y preparada para el PERFECTO fin de semana que nos esperaba.



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