sábado, 21 de julio de 2012

Museo de historia Natural

Salimos muy contentas por la mañana con dirección al museo de historia natural. Hubiera sido mejor hacer algo en el exterior porque hacía una mañana genial sin apenas calor. Pero nos aparecía mucho ir al museo, y así hicimos. La entrada era un donativo sugerido como de 15$ para los estudiantes. Nosotras pagamos 5$, y entramos en el museo. Resultó muy decepcionante ver que las explicaciones eran sólo en inglés, y que no eran muy comprensibles para mi porque tenían muchos términos complicados. No había ni un texto en español, ni en ningún idioma diferente del inglés, y eso resultó incómodo. Al menos al principio, porque estoy acostumbrada a leer cada una de las explicaciones de esos sitios. Tras acercarme a varios rótulos, y no poder comprender del todo ninguno, decidí centrarme en disfrutar del museo de otra manera, y fue posible. Nada complicado, debido a lo bien planteado que está. Es fascinante, sin duda alguna. Han invertido ahí una gran cantidad de dinero.








Estuvimos cerca de tres horas en el museo y sólo acertamos a ver dos plantas de cuatro. La parte de cultura la vimos someramente, y nos detuvimos en las partes más elaboradas y con menos texto. Nos supo fatal tener que irnos a clase, con el museo a mitad de verlo. Eso trajo a nuestra cabeza el problema del horario de las clases. Y con esto fuimos a la escuela, donde justo al entrar una mujer mucho más amable que la del día anterior nos propuso una perfecta solución: nos habló de un horario de 6 de la tarde a 10 de la noche, de lunes a jueves. Y además, como tenemos que hacer 20 horas semanales, y eso suman 16, nos dejó escoger entre hacer las cuatro horas restantes en sábado o domingo. El horario nos parece perfecto, totalmente. No obstante tenía que confirmar qué iba a pasar, y si tenían hueco para Judit en los niveles inferiores, que están muy muy llenos. Así que cruzando los dedos salimos dispuestas a terminar de ver el museo de Historia Natural.
¿Recordáis que dije que por la mañana se estaba muy bien en la calle? Debimos suponer que el bajón de temperaturas supondría un prematuro Diluvio Universal.

 La tormenta acojonó a mi buena compañera de viaje, que acostumbrada al tostado sol Canario, creyó realmente que se acababa el mundo. Su cara lo decía todo: jamás había visto llover así. Para los residentes en Valencia os diré que la  tormenta fue como la típica de verano, con gotas enormes. La única diferencia es que no parecía que fuera a escampar. Realmente no lo hizo hasta pasadas las diez de la noche. No obstante, retomando la historia, imaginadnos recién salidas de clase frente al percal que presentaba en Broadway. Por suerte, mi buen cuñado Sento, contribuyó a mi viaje con un práctico paraguas de viaje, que estaba en perfecto estado. Judit tuvo que conformarse con meter en el bolso uno que estaba por nuestra habitación, que también parecía estar en perfecto estado. Insisto, PARECÍA. 
Cuando se abrió aquello, y dos varillas saltaron alegres de entre los pliegues del artilugio, decidimos dejar, -entre risas-, el resto del museo de historia natural para otro momento. Pero eso no significaba volver a casa en ese momento preciso. Había justo en la esquina contigua un típico dinner americano, parecido al Tick Tock Dinner de nuestro primer día, sólo que más caro. No obstante, dadas las circunstancias, nos pareció un momento perfecto para entrar y probar las míticas tartas americanas:

5$ bien invertidos en mi tarta de fresa. Deliciosa, igual que la de chocolate. Atención en la siguiente foto el tamaño del "cake". Debo decir, que pese al precio del Dinner, el servicio era sustancialmente mejor que en el Tick Tock. Debe ser porque el Tick Tock estaba llenísimo, y los camareros iban con prisa. De igual manera, vayas donde vayas en Nueva York, el trato va a ser infinitamente mejor que en España, y el resto de países que he visitado. 

Resultó de lo más agradable tomar tarta allí, mientras la lluvia caía fuera. Tras tomarla tranquilamente, una hora más tarde decidimos volver a casa, intentando llegar lo menos mojadas posible. Tarea que no tuvo resultado positivo:

Estábamos empapadas, y nos dio pena llegar tan pronto a casa, pero allí estaba Prinston, despierto todavía, y jugando por la casa, cosa que no suele ocurrir cuando llegamos por la tarde. Se quedó con nosotras un buen rato, hasta su cena, mientras yo le enseñaba las fotos del viaje, y palabras en español, y él a mi palabras en inglés. ¡Lo pasamos muy bien! (Nótese en la foto las manos a lo Spiderman.)






viernes, 20 de julio de 2012

Central Park y ESB en nuestro 5º día en NY

Justo el día anterior habíamos comprado en la escuela unos tickets para el Empire State Building. Nos costaron 13$, cuando usualmente suelen costar 20$. Aprovechamos la oferta sacrificando poder escoger el momento de visitar el Empire State Building, porque el horario ya estaba escogido. Pero el ahorro era sustancial, así que aquel día saldríamos antes de clase con permiso del profesor, para visitar el ESB. Eso no nos impidió disfrutar la mañana. Tomamos el autobús en dirección sur por la quinta av., la conocida como "la milla de los museos", con intención de bajarnos en la esquina sur este de Central Park. Seguramente, a voz de pronto no sabréis a qué me refiero, pero os aseguro que cuando camináis por esa zona del parque, todo os resulta tremendamente familiar, por haberlo visto en muchísimas películas. Me interesaba en especial el Bow Bridge, puente en el que Mery Jane rompe con Peter Parker en la 3a película de Spiderman. Ese puente se conoce como el puente de las rupturas, porque en las películas... bueno, eso, que la gente rompe ahí. De camino a Bow Bridge encontramos sitios increíbles, y también a unos graciosos habitantes del parque.







Agradecimos profundamente llegar a la academia porque el calor era horrible, pero no nos dio tiempo a refrescarnos lo suficiente porque a la una estábamos saliendo. Una mujer nos paró y quiso hablarnos a Judi y a mí sobre el cambio de nivel. Hablaba inglés, y principalmente fui yo la que se comunicó con ella. Esto para mi desgracia se volvió en mi contra segundos más tarde. Resulta que la mujer, que en un principio parecía súper amable no quiso entender debidamente la situación de unas estudiantes que van a la gran manzana. Ella no podía comprender que el horario que tenía mi clase era totalmente incompatible con las visitas a museos, que abren de 10 a 18. Teniendo clases de 12 a 16 es imposible hacer las cosas bien, y obviamente, en los fines de semana no da tiempo a verlo todo. Nos dijo que a Judi la tenía que cambiar de nivel y fue muy injusta al decir que la iba a pasar al horario de mañana, y que a mí, no me pensaba cambiar de nivel ya que hablaba perfectamente inglés. De modo que yendo al ESB, estuvimos muy tristes pensando como nos lo íbamos a organizar si ella entraba a clase a las 8, y yo entraba a las doce. No obstante, no quisimos darle muchas vueltas porque no había nada cerrado todavía. La opción más obvia era bajarnos las dos a un nivel intermedio en el mismo horario, pero eso no me permitiría aprender a mi, ni a Judi entender la clase. Así que las cosas quedaron en el aire, igual que nuestra preocupación cuando llegamos a nuestra zona más admirada de la ciudad: en midtown south central, hogar del ESB, Madison Square Garden, Penn Station, El ticktock dinner, y la tienda de 99's cents.
Antes de poner camino al Empire State, compramos por 2$ un perrito caliente y una cocacola. ¡Nuestro primer perrito caliente americano! Después corrimos hacia el ESB, y en el atrio, ya se hicieron patentes mis nervios. Desde abajo el edificio era ENOOORME.


Aquí os dejo una foto mía antes de llegar a los ascensores. El hall era majestuoso.

Respecto a la subida en ascensor... EN menos de un minuto, subir como 320 metros, no parece sano. Y cuando creía que ya había pasado lo peor, me meten en otro ascensor para seguir subiendo hasta el mirador. Podía poner como 50 fotos desde el mirador, y todas ellas no serían suficientes para describir la sensación. Aunque puede que baste con una palabra: MAREO. No llevo bien las alturas, pero estando allí, no me iba a quedar en un rincón pegada a la pared, así que decidí pagar las consecuencias después de mi temeridad y reunir valor para sacar fotos como esta:






Tras un batido de fruta para subir el azúcar y la tensión, decidimos volver a casa pasando por el súper de Harlem para aprovisionarnos para una comida de verdad, que compartimos con nuestra familia adoptada. :D



miércoles, 18 de julio de 2012

Mágico domingo

Me moría de ganas por llegar a la entrada que narrara nuestras aventuras el domingo, porque fue un día muy completo e interesante. Como sabéis, ya teníamos en nuestro poder las entradas de la Estatua de la Libertad, acordamos sacarlas a las 9 para ir con tiempo y regresar para comer a Manhttan. No llegamos especialmente sobradas de tiempo a Batery Park porque, en fin, el mejor momento para llamar a la gente es por la mañana bien pronto, y no salimos a la hora que nos hubiera gustado. Igualmente, sin prisa pero sin pausa, nos dirigimos a Castle Clinton, fortificación sita en el sur de la isla cuya única función actual es vender las entradas de Lady Green. Un hombre tan amable como cualquier newyokino, nos avisó de que no teníamos que hacer cola para nada. Es suficiente con el resguardo que habíamos impreso por internet. En pocos minutos estábamos pasando el control de seguridad para subir al ferry. Sin sorpresas llegamos a la cola del ferry, que para mi sorpresa era un buque de más o menos 8 metros de altura por 20 de largo. Este ferry tiene tres pisos, y sólo en el superior –el más cotizado- caben 500 personas. El servicio de ferry está perfectamente organizado, cada 15 minutos aproximadamente un ferry llega a cada una de las tres islas: Manhattan, la principal de NY; Liberty Island, hogar de la estatua verde y Ellis Island, lugar de llegada de inmigrantes hasta mediados del XX. Este sistema te permite permanecer el tiempo que precises en cada isla, sabiendo siempre que habrá un ferry cada cierto tiempo que te llevará a la siguiente parada. El orden es Manhhatan, Liberty y Ellis. Todo brillantemente preparado, para hacer de esta una bonita experiencia. Judi y yo subimos a la parte superior y tuvimos la prudencia de no sentarnos en los bancos, sino de permanecer en la baranda de proa, imaginando la avalancha de turistas que después vendrían. Tomamos una buena decisión, porque en pocos minutos el lugar quedó atestado de gente con algo de comida, -si, en el barco hay cafetería con hot dogs y pretzels, como debe ser-.
Personalmente disfruté muchísimo del corto viaje a Liberty Island, la brisa era agradable en el sofocante día, y el balanceo del barco me relajó muchísimo. Ver recortada a la estatua de la libertad en el horizonte, lo hizo todo, -si cupo- más perfecto. Judi, pese a sentirse muy cómoda en los aviones, -ámbito que me desagrada profundamente-, estaba lejos de sentirse bien con el vaivén de la embarcación, y estaba deseando pisar tierra firme. Sin embargo olvidó pronto estos pensamientos cuando comenzamos a alejarnos de la isla: Más fascinante que ver acercarse la Estatua, me resultó ver alejarse el distrito financiero. No te das cuenta de la inmensidad de esos edificios caminando entre ellos.



Para nuestra sorpresa, mucha gente no bajó en llegar a Liberty Island. Ya había oído algo de esto. Visitar la isla no es muy interesante. La visión de la estatua no resulta impresionante desde abajo, pero creo que se pueden sacar buenas fotos. Otro gallo hubiera cantado de sólo disponer de un puñado de días en Nueva York, pero teniendo tantos, no me hubiera perdido esta visita por nada.



Lo que realmente me encantó fue la siguiente parada: Ellis Island. Tiene una audio guía que vale su peso en oro, que te lleva por todo el edificio recorriendo el mismo camino que un inmigrante que llegaba al nuevo mundo a principios del siglo XX. Aprendí muchísimo, y quedé en ciertos aspectos, traumatizada, pero el edificio y la isla en general es estupenda. Os dejo algunas fotos.


Tras “aterrizar” de nuevo en Manhattan, nos encontramos lejos de casa, con el sol bien alto, con hambre, y cerca del distrito financiero. Nos topamos con una visita de obligado cumplimiento en américa: EL Mc Donalds. ¿Cómo os imagináis un McDonald de Nueva York? Podría jurar que de mil maneras, menos con música de piano en directo.
Además, y por si esto no resulta suficientemente sorprendente, las hamburguesas no son nada grasientas. Por el contrario tienen pinta de ser mucho más sanas que aquí. Más datos sobre el McDonals, hay hamburguesas con champiñones, y cada menú te indica, detrás del mostrador y en letras bien grandes, las calorías que ingieres. El precio medio de cada menú son 7$. Como dato curioso, os comento que las patatas deluxe aquí no existen, y que cada día veo a gente con enormes vasos del macdonals llenos de café americano. ¿La razón? Cualquier medida = 1$. Nosotras también compramos café en McDonalds.
Hicimos tras la comida una pequeña toma de contacto con el sur de la isla, y dimos una vuelta por el distrito financiero y por la zona cero. Prometiéndonos volver con todo el tiempo del mundo porque es una zona muy chula.

 Por último y para finalizar el día quisimos ir a china town, pero estuvimos como media hora buscando la letra número R, sin ningún resultado positivo. Al parecer alguien se dedicaba a tapar con cinta aislante la letra que buscábamos, que había estado ahí en el algún momento del pasado. Después nos perdimos y llegamos al SOHO, y después cuando por fin encontramos ChinaTown nos resultó un sitio desagradable, probablemente por el cansancio y la desesperación de habernos perdido. Volveremos próximamente, y encontraremos la forma de ubicarnos en un entramado de calles que nos resulta imposible, pese a ser parecido al de nuestras ciudades. Comparado con el norte de manhattan, el resto del mundo es un caos.


El Universo TImes Square.

Como ya dije, nuestra primera parada prevista en Times Square era la oficina de Turismo, pero para ser justos, os diré que nuestras paradas fueron en cada esquina de la plaza. Era sábado y todo estaba lleno de gente que iba y venía, en su mayoría turistas. Cuando hemos vuelto por la zona con otro objetivo diferente que no fuera ese, hemos esquivado Times Square como buenas NewYorkinas; aunque obviamente, tenemos otra visita prevista, además de las de rigor. La verdad es que no podría describir bien qué es eso. Entorno a la 42, todas la cualidades de las avenidas se intensifican: Broadway se llena de teatros, la séptima de tiendas, y la quinta de lujos. Hay, en esa plaza los carteles de publicidad más variados e imaginativos del mundo: Un videojuego de Play Station, al que se puede jugar, simulando la conducción del nuevo KIA; un M&M tocando la guitarra, justo al lado de otro cartel que anuncia la pelo de batman; el musical de Mamma mía compartiendo pared con el HardRock café... La vista no te alcanza para mirar todas las luces.
Desituadas por el brillo de las paredes caminamos por la plaza sin sabes muy bien a donde mirar, hasta que Toys'R'us apareció en una esquina rodeada de Bob Esponja, Mickey, un cowboy en calzoncillos tocando la guitarra, Woddy, y el mounstro de las galletas. Había leído maravillas sobre esa tienda así que nos decidimos a entrar.
Era un universo único, mágico e interminable. La noria de dentro de la tienda de juguetes es lo primero que llama tu atención, pero momentos después queda totalmente relegada a otra posición, cuando observas que la tienda se extiende dos pisos sobre tu cabeza, y uno por debajo, y... ¡que todo son juguetes!
La gente que trabaja allí está jugando con los artilugios más extraños que puedas imaginar. Vimos desde un frisbie de un metro relleno de aire, hasta un plástico brillante del tamaño de una uña que se convertía en una bola de 2 metros. Niños y adultos se la pasan por toda la tienda, haciendo de la visita a Toys'R'Us algo inolvidable. Hay un taller de "decora tus galletas", y los artículos más insospechados.




Mi parte favorita, sin duda alguna... ¡La zona WONKA! Es espectacular recordar el libro "Charlie y la fabrica de chocolate" mientras paseas entre tanto dulce. Chocolate con leche mezclado en una cascada, helados que no se derriten, chicles a los que no se les acaba el sabor, caramelos eternos... Si en algún sitio deben verderse los artículos Wonka, es en esa tienda.



En el área lego, había un empire sate de 3 metros, y también una estatua de la libertad enorme. Entonces llegó el momento de encontrarse frente al universo Marvel. Tras probarme todo lo que había en la tienda, -en especial todo lo de Ironman y lo de Spiderman- encontré... no, no puedo saltarme esta parte. Os pondré un par de fotos.

Justo al salir de este círculo del infierno llegó el momentazo de la tarde, y es que allí estaba ÉL.

Me topé con él a pocos metros y... me detuve, fascinada por el detalle y boquiabierta. Tan evidente fue mi sorpresa que Ironman me miró durante unos interminables y mágicos segundos, y tras asegurarse de que lo estaba mirando a él fijamente, elevó la mano para saludarme. Yo le respondí torpemente al saludo, hasta que comprendí cual era mi prioridad: conseguir testigos del momento. ¿Dónde estaba Judi? Yo no podía dejar de mirar a Ironman, pero me parecía que estaba en una estantería cercana. Así que extendí la mano para llamar su atención, y aunque me costó lo conseguí. Lo único que pude articular cuando ella preguntó qué pasaba, fue... "¡¡ES IRONMAN!!"

Teníamos que salir de ese universo infantil para terminar llendo a parar a... la Disney Store, y a M&M. Yo me quité el soponcio y la emoción cuando vimos en la puerta a otro de esos cowboys americanos con guitarra, y en calzoncillos. Es imposible refrenar la risa viéndolos ahí en medio de times Square... Eso me secó un poco las retinas, ligeramente húmedas de la emoción, y tras la visita a estas tres tiendas nos dispusimos a irnos a casa. Aquí tenéis unas fotos de la fascinante tienda de M&M.




Como digo, tras esto nos dispusimos a irnos a casa, pero fue imposible!! Un mercadillo justo detrás de Times Square atrajo nuestra atención con bailes de Break Dance, comidas espectaculares, artículos geniales, y souvenirs a un dólar. Cuando cerca de las nueve llegamos a casa y nos sentamos por fin, tras el agotador día, le dije a Judi: Judi, ¿y la oficina de turismo, qué?


martes, 17 de julio de 2012

La llegada a la 42th con la 7th avenue.

La comida en Central Park fue fantástica, pero había que volver a la loca ciudad que esperaba más allá de los límites de ese oasis de ocio que es el parque, así que salimos por la parte este del parque tratando de encontrar la escuela, para que el barrio no nos pille desprevenidas el lunes. Queríamos ir sobre seguro para llegar a tiempo el primer día.
Francamente, fue un paseo hecho a ciegas. Aquí en NY las manzanas están muy claras, pero dentro de Central Park las distancias se desdibujan completamente y nunca sabes con certeza a qué calle vas a salir. Nosotras salimos por la variopinta, -y ahora conocida- calle 100. Nuestro objetivo era Broadway, pero claro, en la dirección de la escuela sólo ponía un número de broadway que bien podía estar en la 90 o en la 70. En nueva York, a pié de calle, siempre que te indican una dirección, lo hacen SIEMPRE, diciendo entre qué calles está, pero este no era el caso. Recordábamos que en google maps aparecía más bien al norte del parque, así que decidimos llegar a Brodway, y desde allí seguir los números. Una estrella debió cruzarse en nuestro camino, porque al llegar a Broadway, justo en la intersección con la 100, apareció mágicamente la escuela. Sorprendidas y animadas tomamos un metro hasta la esperada calle 42, con la séptima: TIMES SQUARE. Queríamos ir a la oficina de turismo
Al bajar de allí la ciudad nos dio en la cara con sus haces de luces. Estábamos contentas porque habíamos conseguido superar sin errores un entramado subterráneo, y salir a Times Square intensificó la sensación. En cuantito tenga otro rato, os contaré lo que nos sucedió allí, y porqué terminé casi llorando frente a Woddy y Bob Esponja. 

P.S. Lamento mucho no poder ir al día con mis narraciones, pero el Jet Lag hace de las suyas con nuestra vida, y no tenemos tiempo ni para respirar. Hemos acordado tener una tarde de relax absoluto pronto. Besos a todos.

lunes, 16 de julio de 2012

North Central Park.



Estamos a lunes por la noche, y me encantaría contar todo lo que me ha pasado hasta hoy, pero tengo mono de escritura, y prefiero tomarme un tiempo para relatar la mágica tarde del sábado. ¿Creíais que todo había terminado con la compra y la primera toma de contacto? En Nueva York siempre hay algo que contar o algún rincón que descubrir. Así que voy a proceder a poner en orden lo ocurrido el mágico  sábado.
Si no recuerdo mal nos quedamos pendientes de colocar la compra y salir hacia Central Park para ubicar la escuela. Así hicimos. Decir que nos perdimos para llegar a Central Park sería una divertida historia, pero imposible de contar para dos afortunadas que viven en... ¡SU PUERTA! Llegar a Central park, nos cuesta menos de un minuto de reloj. Un paso de cebra nos separa del pulmón de esta fascinante metrópolis. Estábamos familiarizadas con el ambiente del parque porque sencillamente lo habíamos visto en las anteriores ocasiones. Esa misma mañana allí estaban, además de los esperados ciclistas, un par de personajes practicando boxeo. Por esto no nos extrañó ver que la gente utilizaba central park como patio de recreo. Lo curioso del asunto fue que conforme nos adentramos ligeramente en la zona más verde, nos dimos cuenta de que esta expresión le venía como anillo al dedo: es un patio de recreo. Niños por todos lados, familias haciendo picnics, padres bateando con sus hijos, gente haciendo estiramientos, y jóvenes sentados en la hierba pasando el rato charlando. Todo esto en un perfecto oasis de multiculturalidad y respeto donde niños blancos, rojos, amarillos, negros y marrones, juegan al mismo juego, y ríen de la misma manera. Discapacitados que juegan con niños sin deficiencia alguna, y niños en silla de ruedas perfectamente integrados en las actividades del parque. Una piedra en medio de la pradera norte nos gritaba que nos sentáramos a disfrutar del ambiente, y a comernos un sandwich. Allí estuvimos un buen rato observando con inocencia qué hacían los americanos un día de sábado. Fue una buena experiencia, en una pequeña parte de la inmensidad de Central Park.


Ahora me iré a dar una ducha, hemos estado charlando con Stephanie sobre las diferencias de educación entre España y USA. Y no me da tiempo a narrar la mejor parte de la tarde, pero lo haré en cuanto tenga un ratito.

Espero que disfrutéis de esa podrida España, mientras nosotras estamos en la cumbre del mundo. Qué mala soy.

Atareada

Hoy prometo sentarme a contaros el sábado tarde y el maravilloso domingo. Ayer me pudo el cansancio y no tuve tiempo de contar todo lo que quise. Tendremos que relajar el ritmo porque no lo aguantaremos más de unos pocos días así. Teniendo tanto tiempo por delante, debemos tomarnos las cosas con más calma, y no intentar aprovechar hasta el último segundo del día. Es divertido, pero no muy sano.
Esta noche, os prometo narrar lo fantástico de estos dos días.