Un típico piso americano, con la típica entrada americana. El 1827 de la 7a avenida, en la mismísima puerta norte de central park. Todo lo que diga va a ser poco. La mujer se deshizo en cuidados y el piso estaba bien limpio. Hay dos chiquillos extraordinariamente educados, que no han hecho un ruido en toda la noche. Dudo incluso de que hallan dormido aquí.
Ayer tras las llamadas de rigor nos intentamos mantener todo lo despiertas posibles sin mucho éxito. A las 10 ya dormíamos como angelitos. Sobre las 6 estábamos despiertísimas, y nos tomamos un tiempo para espabilarnos. La ducha de rigor nos ha preparado para afrontar el día.
¿Lo más chocante? El silencio. La tranquilidad de un pueblo en una zona tranquila y silenciosa, solo que en la ciudad cosmopólita más maravillosa del mundo.
sábado, 14 de julio de 2012
viernes, 13 de julio de 2012
Primeras horas en NY
Las copiosas comidas del avión no consiguieron dormirnos. Y de hecho ahora a las 9:40 p.m., hora newyork, aún nos resistimos a coger la cama, sobrecargadas por la cantidad de información.
Yo, pese a todo, no estoy triste. ¿Por qué debería estarlo? Se perdió mi maleta. Bueno, sigue en España todavía, y hasta mañana a las 5:00 p.m, no llegará. Por suerte fui precavida y guardé unas mudas y el pijama en la maleta de mano, para ir sobre seguro. Y lo hice bien.
Supongo que todo este lío del equipaje tendrá que ver con la facturación tardía a NY, que os contaba anteriormente.
El trayecto en taxi, fue la primera toma de contacto con EEUU, y me resultó de lo más impactante. Casas prefabricadas por todos lados, una cantidad de tráfico horrible, y algún que otro partido callejero. Llegamos en poco tiempo a la finca, y la recepción fue espectacular. Steph ha resultado una impoluta anfitriona. Tiene un hogar agradable, y dos chiquillos también. Nos ha dado un plano del metro, una lista casera con restaurantes y supermercados cercanos, y nos ha recomendado mil sitios para ir. Es una mujer agradable, y sus hijos también lo son. El mayor se ha ganado mi confianza cuando le pregunté su nombre y me contestó: "Spiderman.. ay, no no, Prinston"
Es una familia adorable. La historia de aduanas me la reservo para España. Aquí os dejo unas fotos recién sacadas de la habitación:
Llegando a la gran manzana
En comunicación con España, desde algún lugar del Atlántico.
Transmito directamente desde el avión, en vuelo IB6251.
El vuelo hacia Madrid ha sido… deprimente. Una mujer que se
sentaba a mi lado llamada Maribel, viajaba hacia Venezuela para ver a su marido
tras unas duras sesiones de radioterapia para superar un cáncer. A ella le
encanta viajar, y a ha vivido en Boston muchos años con su hija, que de hecho está
estudiando allí. Maribel ahora está desempleada, pero está feliz. Planea volver
a Boston para Navidad. Al parecer Boston es la mejor ciudad del mundo. Hace
poco tuvo una experiencia en España que renovó su amor por los EEUU. Me ha recomendado un supermercado baratísimo
si voy a Boston. Ya os podéis imaginar, lo rápida que se me ha pasado la hora.
Por fin una vez habiendo llegado a Madrid me encuentro con
la feliz noticia de que mi próximo vuelo, y todos los de Iberia, se cogen en la
terminal en la que he aterrizado. Asiendo bien mi preciada tarjeta de embarque,
me voy en busca de mi “fellow traveller” Judith
Así que allí estaba yo, en la terminal cuatro, una hora y
media después de la hora prevista, pero tranquila al fin y al cabo, porque
estaba en la terminal correcta, (ventajas de viajar con una misma compañía). No
obstante, nada más bajar del avión Judi me ha avisado de que tenía que ir a la
puerta de embarque U70, y que ella me esperaba allí. Entonces hecho un vistazo
en derredor, y veo un cartel que indicaba con metálica frialdad a dónde me
podía ir, quiero decir, por dónde podía ir. Las cuatro secciones de embarque
eran M,R,S,U, insisto: TODAS DENTRO DE LA MISMA TERMINAL.
Y allá que voy yo, siguiendo los letreritos por un pasillo
extraordinariamente largo, cuando estoy llegando ya al final del pasillo, me
topo con un ascensor que indica bajo cada letra, un número de minutos. En mi
caso, el vinilo amarillo debajo de la letra U, ponía 23 minutos.
¿23 minutos? Miro de nuevo el número. No es una pantalla, es
un adhesivo. Luego debe de indicar un dato que no suele variar. ¿23 minutos?
¿No será ese el tiempo de llegada? Con mi cara de circunstancia, mientras el
ascensor se acercaba, pasa acertadamente alguien con camisa blanca con pinta de
trabajar allí. Justo cuando le voy a preguntar, alguien se me adelanta. En
efecto, son 23 minutos de trayecto hasta las puertas de embarque U. Increíble.
Increíble. Me veo arrastrada por la masa de gente dentro del ascensor, y justo
al llegar al nivel inferior, nos encontramos ante unas puertas y un cartel
luminoso: EL PRÓXIMO TREN LLEGARÁ EN 30 SEGUNDOS.
¿¿TREN??
Si, tren, todo metálico y práctico, sin apenas asientos, y
yo allí anonadada, maleta en mano, mochila en espalda, y riñonera en… en los
riñones vaya.
Si alguien se lo pregunta, despejo la duda: de ninguna
manera se tarda únicamente 23 minutos. Por lo menos han sido 30. Antes de
llegar a la terminal, el control de pasaportes fue rápido. Cada vez que miraba
la hora, no podía más que dar gracias por tener ya la tarjeta de embarque del
vuelo hacia Nueva York.
Las letras de los letreros iban desapareciendo. Primero había
carteles con tres letras: R,S,U. Después desapareció la R, y yo pensaba que
Barajas estaba “jugando” conmigo. Cuando la letra S desapareció también, y
quedó sólo la U, pensé que era el siguiente pasillo, y no me equivocaba, pero
las puertas empezaban, como dicta la lógica en el número uno. Volví a mirar el
sms de Judith, y evalué la prodifundidad del pasillo. Resignada caminé rápido
hasta la puerta 70, donde, como una vieja amiga, esperaba Judi guardando sitio
en los primeros puestos de la cola de embarque.
La suerte nos acompañó cuando al subir al avión, una chica
fue instada a intercambiar su sitio conmigo, permitiendo así que Judith y yo
nos sentáramos juntas. Esto ha ocasionado nuestra primera deuda estadounidense:
le debemos una cerveza.
Por ahora, aún quedan seis largas horas de viaje, que pese a
todo, se están pasando amenas compartiendo las inquietudes de qué haremos en la
gran manzana. La comida de abordo no ha resultado un fiasco, como dicen los
clichés. Lo mejor ha sido el resopón: el primer café americano, servido en
tierra de nadie. Tras eso, y con nostalgia de mi Europa natal, un té con leche
entre pecho y espalda, me ha mantenido con las reservas de cafeína llenas, y
con ánimo de soportar el jetlag.
Recién hemos rellenado un papel asegurando que no portamos
bichos venenosos ni écoli, y ahora trataremos de hechar una siesta, para no
tener ganas de dormir nada más llegar al aeropuerto.
Subiré esta entrada nada más llegar al piso, tras realizar
las llamadas de rigor.
Y cuando lo haga… ESTARÉ EN NUEVA YORK!
Primer contratiempo solventado.
Aún esperando a embarcar en la R53, mi nombre a sonado por megafonía. El salto que he dado ha sido memorable.
"Ay madre," pensaba yo, "¿y ahora qué? Me quedo en tierra fijo."
A continuación me dirijo a la r51, como me instaba la voz magnetizada. Y... Tienen mi tarjeta de embarque. El sistema estadounidense está felizmente restaurado. :)
"Ay madre," pensaba yo, "¿y ahora qué? Me quedo en tierra fijo."
A continuación me dirijo a la r51, como me instaba la voz magnetizada. Y... Tienen mi tarjeta de embarque. El sistema estadounidense está felizmente restaurado. :)
Esperando en la terminal
R53 es mi puerta de embarque. Todo ha ido bien entrando en la terminal. Es la primera vez que no pito. Despedirme de Alex no ha sido muy agradable, pero la excitación de este gran viaje me tiene animada. He tenido un momento de dudas cuando al llegar al aeropuerto bien pronto, el servidor de comprobación de papeles estadounidenses daba problemas. No tengo todavía mi tarjeta de embarque Madrid-NY, pero al parecer me la darán en cuantito llegue a Barajas... Siempre que el servidor no siga caído. Otro contratiempo ha sido que me han reservado un asiento en el avión de NY, y no sé si Yudi tiene o no su tarjeta de embarque. Espero poder arreglarlo para ir juntas. Sino, siempre queda la esperanza de que alguna persona nos quiera cambiar el sitio.
jueves, 12 de julio de 2012
Saliendo de casa
Decir que estoy nerviosa es poco, pero he conseguido dormir un poco esta noche. He quedado con mi compañera en la terminal 4 de barajas, que nos llevará a la ciudad de los sueños. Hora de llegada 4:00 p.m., New York.
Todo listo. Creo.
Todo listo. Creo.
Atando cabos
Tras muchas muchas semanas mirando cosas, al final me decanté por una página, tipo red social que, permitía alquilar un piso sobre seguro. Encontré a gente agradable dispuesta a compartir su piso conmigo, pero... bueno, tuve alguna experiencia no tan buena. ¿Mi consejo? Buscad referencias de donde os vayáis a alojar. Yo llamé a una chica de Cádiz, que ya se a alojado con mis anfitrionas, y se deshizo en alagos sobre ellas. Así voy tranquila.
Os presento mi apartamento:
¿Verdad que es agradable? Tuve suerte de encontrar a una chica que quiso compartirlo conmigo. En realidad ella me encontró a mi, y ha resultado divertido ir organizando las cosas. Es cierto que en un primer momento puede dar reparo dormir con alguien que no conoces, pero... somos estudiantes, y somos jóvenes. Eso se traduce en que SOMOS POBRES, y los remilgos no pueden compartirse con un bolsillo ajustado.
Así que una vez alquilado el apartamento y escogido el compañero, me decanté por la escuela más barata que encontré. Fue con la compañía United Studies. La gente no suele fiarse porque es bastante barata, pero a mi me han tratado muy bien siempre. Me costó 495 euros el curso, y 50 más el seguro médico. Tras eso, el vuelo fue el siguiente quebradero de cabeza. Finalmente 875 euros con Iberia, haciendo escala en Madrid. ¡Próximo destino: JFK!
MI PRÓXIMO POST, DESDE LA GRAN MANZANA!
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