viernes, 13 de julio de 2012

Llegando a la gran manzana


En comunicación con España, desde algún lugar del Atlántico.
Transmito directamente desde el avión, en vuelo IB6251.
El vuelo hacia Madrid ha sido… deprimente. Una mujer que se sentaba a mi lado llamada Maribel, viajaba hacia Venezuela para ver a su marido tras unas duras sesiones de radioterapia para superar un cáncer. A ella le encanta viajar, y a ha vivido en Boston muchos años con su hija, que de hecho está estudiando allí. Maribel ahora está desempleada, pero está feliz. Planea volver a Boston para Navidad. Al parecer Boston es la mejor ciudad del mundo. Hace poco tuvo una experiencia en España que renovó su amor por los EEUU.  Me ha recomendado un supermercado baratísimo si voy a Boston. Ya os podéis imaginar, lo rápida que se me ha pasado la hora.
Por fin una vez habiendo llegado a Madrid me encuentro con la feliz noticia de que mi próximo vuelo, y todos los de Iberia, se cogen en la terminal en la que he aterrizado. Asiendo bien mi preciada tarjeta de embarque, me voy en busca de mi “fellow traveller” Judith
Así que allí estaba yo, en la terminal cuatro, una hora y media después de la hora prevista, pero tranquila al fin y al cabo, porque estaba en la terminal correcta, (ventajas de viajar con una misma compañía). No obstante, nada más bajar del avión Judi me ha avisado de que tenía que ir a la puerta de embarque U70, y que ella me esperaba allí. Entonces hecho un vistazo en derredor, y veo un cartel que indicaba con metálica frialdad a dónde me podía ir, quiero decir, por dónde podía ir. Las cuatro secciones de embarque eran M,R,S,U, insisto: TODAS DENTRO DE LA MISMA TERMINAL.
Y allá que voy yo, siguiendo los letreritos por un pasillo extraordinariamente largo, cuando estoy llegando ya al final del pasillo, me topo con un ascensor que indica bajo cada letra, un número de minutos. En mi caso, el vinilo amarillo debajo de la letra U, ponía 23 minutos.
¿23 minutos? Miro de nuevo el número. No es una pantalla, es un adhesivo. Luego debe de indicar un dato que no suele variar. ¿23 minutos? ¿No será ese el tiempo de llegada? Con mi cara de circunstancia, mientras el ascensor se acercaba, pasa acertadamente alguien con camisa blanca con pinta de trabajar allí. Justo cuando le voy a preguntar, alguien se me adelanta. En efecto, son 23 minutos de trayecto hasta las puertas de embarque U. Increíble. Increíble. Me veo arrastrada por la masa de gente dentro del ascensor, y justo al llegar al nivel inferior, nos encontramos ante unas puertas y un cartel luminoso: EL PRÓXIMO TREN LLEGARÁ EN 30 SEGUNDOS.
¿¿TREN??
Si, tren, todo metálico y práctico, sin apenas asientos, y yo allí anonadada, maleta en mano, mochila en espalda, y riñonera en… en los riñones vaya.
Si alguien se lo pregunta, despejo la duda: de ninguna manera se tarda únicamente 23 minutos. Por lo menos han sido 30. Antes de llegar a la terminal, el control de pasaportes fue rápido. Cada vez que miraba la hora, no podía más que dar gracias por tener ya la tarjeta de embarque del vuelo hacia Nueva York.
Las letras de los letreros iban desapareciendo. Primero había carteles con tres letras: R,S,U. Después desapareció la R, y yo pensaba que Barajas estaba “jugando” conmigo. Cuando la letra S desapareció también, y quedó sólo la U, pensé que era el siguiente pasillo, y no me equivocaba, pero las puertas empezaban, como dicta la lógica en el número uno. Volví a mirar el sms de Judith, y evalué la prodifundidad del pasillo. Resignada caminé rápido hasta la puerta 70, donde, como una vieja amiga, esperaba Judi guardando sitio en los primeros puestos de la cola de embarque.
La suerte nos acompañó cuando al subir al avión, una chica fue instada a intercambiar su sitio conmigo, permitiendo así que Judith y yo nos sentáramos juntas. Esto ha ocasionado nuestra primera deuda estadounidense: le debemos una cerveza.
Por ahora, aún quedan seis largas horas de viaje, que pese a todo, se están pasando amenas compartiendo las inquietudes de qué haremos en la gran manzana. La comida de abordo no ha resultado un fiasco, como dicen los clichés. Lo mejor ha sido el resopón: el primer café americano, servido en tierra de nadie. Tras eso, y con nostalgia de mi Europa natal, un té con leche entre pecho y espalda, me ha mantenido con las reservas de cafeína llenas, y con ánimo de soportar el jetlag.
Recién hemos rellenado un papel asegurando que no portamos bichos venenosos ni écoli, y ahora trataremos de hechar una siesta, para no tener ganas de dormir nada más llegar al aeropuerto.

Subiré esta entrada nada más llegar al piso, tras realizar las llamadas de rigor.
Y cuando lo haga… ESTARÉ EN NUEVA YORK!

Primer contratiempo solventado.

Aún esperando a embarcar en la R53, mi nombre a sonado por megafonía. El salto que he dado ha sido memorable.
"Ay madre," pensaba yo, "¿y ahora qué? Me quedo en tierra fijo."
A continuación me dirijo a la r51, como me instaba la voz magnetizada. Y... Tienen mi tarjeta de embarque. El sistema estadounidense está felizmente restaurado. :)

Esperando en la terminal

R53 es mi puerta de embarque. Todo ha ido bien entrando en la terminal. Es la primera vez que no pito. Despedirme de Alex no ha sido muy agradable, pero la excitación de este gran viaje me tiene animada. He tenido un momento de dudas cuando al llegar al aeropuerto bien pronto, el servidor de comprobación de papeles estadounidenses daba problemas. No tengo todavía mi tarjeta de embarque Madrid-NY, pero al parecer me la darán en cuantito llegue a Barajas... Siempre que el servidor no siga caído. Otro contratiempo ha sido que me han reservado un asiento en el avión de NY, y no sé si Yudi tiene o no su tarjeta de embarque. Espero poder arreglarlo para ir juntas. Sino, siempre queda la esperanza de que alguna persona nos quiera cambiar el sitio.

jueves, 12 de julio de 2012

Saliendo de casa

Decir que estoy nerviosa es poco, pero he conseguido dormir un poco esta noche. He quedado con mi compañera en la terminal 4 de barajas, que nos llevará a la ciudad de los sueños. Hora de llegada 4:00 p.m., New York.
Todo listo. Creo.

Atando cabos

Tras muchas muchas semanas mirando cosas, al final me decanté por una página, tipo red social que, permitía alquilar un piso sobre seguro. Encontré a gente agradable dispuesta a compartir su piso conmigo, pero... bueno, tuve alguna experiencia no tan buena. ¿Mi consejo? Buscad referencias de donde os vayáis a alojar. Yo llamé a una chica de Cádiz, que ya se a alojado con mis anfitrionas, y se deshizo en alagos sobre ellas. Así voy tranquila.

Os presento mi apartamento:



¿Verdad que es agradable? Tuve suerte de encontrar a una chica que quiso compartirlo conmigo. En realidad ella me encontró a mi, y ha resultado divertido ir organizando las cosas. Es cierto que en un primer momento puede dar reparo dormir con alguien que no conoces, pero... somos estudiantes, y somos jóvenes. Eso se traduce en que SOMOS POBRES, y los remilgos no pueden compartirse con un bolsillo ajustado. 



Así que una vez alquilado el apartamento y escogido el compañero, me decanté por la escuela más barata que encontré. Fue con la compañía United Studies. La gente no suele fiarse porque es bastante barata, pero a mi me han tratado muy bien siempre. Me costó 495 euros el curso, y 50 más el seguro médico. Tras eso, el vuelo fue el siguiente quebradero de cabeza. Finalmente 875 euros con Iberia, haciendo escala en Madrid. ¡Próximo destino: JFK!

MI PRÓXIMO POST, DESDE LA GRAN MANZANA!

sábado, 23 de junio de 2012

Porqué descarté alojarme en una residencia.

Todas la agencias que consulté para contratar mi viaje a New York ofrecían alojamiento en residencias de estudiantes, con habitación individual o doble. Prácticamente ninguna tenía nevera en la habitación, algunas tenían una cocina para toda la residencia  y todas tenían baño comunitario. Los precios no bajaban de 700 euros tres semanas, y tenías obligación de entrar un sábado y salir otro, lo cual te condicionaba las fechas del vuelo. Investigando por varias páginas encontré que si, en vez de ir tres semanas, decidía ir un mes entero podría decantarme por alquilar lo que se llaman "long term rentals". Son alquileres significativamente más baratos, no pensados para turistas que van una semana a la gran manzana, sino para gente que puede quedarse allí varios meses. Encontré muy muy buenas ofertas, y no pude contratar ninguna por no saber en aquel momento la resolución de mi beca. Pero no me arrepiento.
Mi idea inicial era alquilar un apartamento entero para compartir. Había lugares que podían alquilar hasta ocho personas, y el mes podía salirte incluso por 300 euros. Obviamente, esos sitios estuvieron libres para verano poco tiempo. En cierto modo me alivié de que no estuvieran disponibles porque el gran inconveniente de los apartamentos vacíos, es que te piden una fianza millonaria que en muchas ocasiones supera el precio del apartamento. Esto significa que si alquilar un apartamento un mes te cuesta 3000$ para 6 personas, la fianza puede ser hasta de 5000$. Y es que el riesgo de estropear parte del piso se eleva exponencialmente, a cada persona que entra en él.
Por otro lado, yo no tenía compañeros de viaje, porque mis fechas eran complicadas, así que tuve que descartar los chollos de verdad. Pronto, y por una serie de cosas, me empezó a parecer atractiva la idea de viajar sola, y en una semana esa idea había madurado hasta convertirse en un ferviente deseo, que se vino a pique cuando comprendí lo caro que sería viajar sola. Comprendí la realidad, necesitaba un compañero de viaje.
Comencé a buscar pisos para dos, pero se me iban de presupuesto, sobre todo por la fianza. Y entonces descubrí la página airbnb.com. Esta página se encarga de poner en contacto a particulares con turistas. Y cada casero tiene críticas de sus huéspedes para que tú puedas hacerte a la idea de como ha sido la estancia de ellos allí. Esa página me resultó de lo más útil, y gracias a ella encontré un montón de candidatos para que me acogieran, a un precio excepcional.
Para mí, las ventajas de porqué escoger un piso, con respecto a una residencia son las siguientes:

  • En un piso vives más de cerca la experiencia newyorkina y el modo de vida de allí, en una residencia no tienes posibilidad de conocer a nativos.
  • El hecho de tener cocina te permite ahorrarte dinero: no tienes que comer fuera cada día. Puedes hacerte un sandwich por la mañana y comértelo mientras haces turismo.
  • Tener un baño compartido con tres personas más, es mejor que compartirlo con sesenta.
  • Puedes ahorrar dinero en el billete porque puedes escoger tus propias fechas de llegada. Yo por ejemplo vuelo entre semana, cosa que no podría hacer si me alojara en una residencia.
  • Tienes un lugar más estable. En un piso vive gente, y los estándares de limpieza siempre van a ser mejores que en un lugar donde sólo se alojan turistas.
  • Puedes hablar con tu casero antes de ir para preguntar lo que necesites: si hay toallas, secador, o lo que necesites. 
¿Desventajas? Por supuesto.
  • Es mucho más seguro alojarse en una residencia: tienes que identificarte cada vez que entres allí.
  • No corres riesgo de fraude. Las residencias las contratas con una agencia, y existen. No será la primera vez que una persona alquila en NY un piso que no existe.
  • Te socializas más. Estás rodeado de gente que ha ido a divertirse, y dicen que las fiestas de las residencia son LEGENDARIAS.
Ahí tenéis mi razonamiento. El dinero no entra en ninguno de estos apartados porque puedes encontrar pisos muy caros, o muy baratos, y lo mismo ocurre con las residencias.
En mi próximo post, o presentaré el piso que he escogido. :D

jueves, 14 de junio de 2012

Al fin, decidida.

No hizo falta mucho más de un fin de semana para que me convencieran. Fue sorprendente ver cuánta gente de mi entorno directo sueña con ver Nueva York, y que lo prefiere a Los Ángeles, o Canadá. Así que pronto me decidí: Si me concedían la beca, mi destino sería Nueva York.
Las vacaciones de Semana Santa jugaron un papel decisivo en toda esta historia:
Mi ánimo no estaba muy bien, y mis ganas de relacionarme con la gente estaban más bajas que de costumbre. Mi mano derecha para escribir había quedado tan inservible o más que mi cerebro, que lejos de querer pasar las vacaciones estudiando, fantaseaba con un viaje que no parecía que fuera a llegar. Héme delante de la pantalla, hastiada de mi casa y de Valencia, y con Internet al alcance de los dedos. Fue inevitable que gastara más de dos y tres tardes navegando, informándome y buscando alternativas de alojamiento, transporte y curso. Encontré páginas web que -estando especializadas en becas en el extranjero- ofrecían paquetes de curso de inglés más alojamiento por no menos de 1500€ las tres semanas. Por curiosear llamé a varios sitios, y las normas generales no variaron en ninguna de las empresas. A saber:

  • Hay que pagar los servicios contratados, al menos 30 días antes de disfrutarlos.
  • Se proponían para alojarse, residencias de estudiantes con habitación individual o doble, y todas, como es lógico, tenían baño compartido.
  • Los cursos comienzan todos los lunes del año.
  • Las fechas de entrada y salida iban de sábado a sábado. En ningún caso puedes entrar un viernes a una residencia, ni quedarte unos días de más.
  • Ninguna empresa que organice estos viajes se encarga de tu vuelo.
  • Puedes escoger alojamiento y curso, o sólo curso, pero en NINGÚN CASO puedes contratar sólo el alojamiento.
  • En estas empresas no te dan el nombre verdadero de la residencia en la que vas a alojarte, para evitar que contrates por tu cuenta, así que, exceptuando el caso de las residencias YMCA, no encontrarás opiniones de viajeros que no sean becados.
  • Para contratar en estas agencias no tienes que ser becario: cualquiera puede apuntarse y contratar un curso de las horas que quiera, u orientado al sector que le interese. Hay una gran oferta.
  • Si puedes ser becado con la beca Mec, y quieres asegurarte tu plaza en la residencia, puedes pagar un depósito de 200 euros, que será reembolsable en caso de denegación de la beca. 
Todas estas opciones se dan en TODOS los sitios que he visitado, y/o llamado para informarme. Hay residencias que tienen nevera en el dormitorio, y algunas tienen cocina compartida. Otras tantas tienen gimnasio y piscina, y demás cosas que jamás harías si fueras a NY de turismo.
En el próximo post, explicaré porqué decliné en seguida alojarme en una residencia. :D
Tengo ganas de llegar a lo interesante...